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La escritura ‘transitoria’ de Humberto Jarrín B.

Por
Paola Andrea Otero Vega
 Estudiante de Comunicación Social – Periodismo
 Integrante del programa Pilos

En días pasados Humberto Jarrín B, docente del Departamento de lenguaje de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad Autónoma de Occidente, UAO, fue notificado de que había sido el ganador del ‘VIII Concurso Nacional de Libro de Cuentos de la UIS’ con su libro de cuentos ‘Epifanías transitorias’.

 Este prestigioso concurso que convoca dos tipos de género, ‘cuento’ y ‘poesía’,  es organizado por la Universidad Industrial de Santander, y premia las mejores obras inéditas de los escritores residentes en el país o colombianos en exterior. El Departamento de Comunicaciones de la Universidad Autónoma de Occidente habló con él y esto fue lo que nos contó.

Cuéntenos un poco acerca de su libro, ¿de qué se trata?
 Humberto Jarrín B.: “Las epifanías son manifestaciones de imágenes que surgen de un momento a otro y luego desaparecen. Son transitorias porque son efímeras, pasan, están en tránsito…  Así son los relatos de este libro que  está conformado por una serie de historias que son variantes de la Biblia y están  agrupadas  en cinco capítulos. El primer cuento, por ejemplo, relata la historia de la expulsión de Adán y Eva del Paraíso, y de cómo el ángel que los expulsa, se enamora de Eva y decide cambiar de puesto con Adán. Así, este ser desiste de su condición divina para volverse humano y Adán se transforma en un ángel terrible”.

¿Cómo surge la inspiración para componer esta obra?
H. J. B.:“No tengo necesariamente un método. Picasso decía “que la inspiración te encuentre trabajando”. Entonces mi inspiración es sentarme a trabajar, aún cuando no tenga nada puntual que escribir. Pero hay ocasiones en que hay imágenes o sucesos que te inspiran: ver a una mujer hermosa, a los hijos que crecen, cómo transcurre la vida, etc… estos son los detalles que uno como escritor no debe dejar pasar, sino más bien escribirlos, porque precisamente son epifanías y son transitorios.

Por otra parte, un escritor, o un poeta, son como un investigador, como un detective, que está buscando las pistas en donde la gente normalmente no las ve. Así como el fotógrafo debe ser sensible a la luz, el escritor debe ser sensible a las imágenes que el mundo le ofrece, solo que en el caso del poeta, la inspiración puede venir de todas partes: de colores, sonidos, sensaciones… Con algunas de estas cosas es que llega la inspiración y uno debe coger la chispa y ponerse a atizar el fuego, que es escribir”.

¿Por qué considera que esta obra fue merecedora del premio? ¿Qué la diferenció de las demás?
H. J. B.: “No lo podría decir yo, eso lo dice el jurado, que en el Acta ha consignado que mi libro tiene «una propuesta verdaderamente personal, en la que resulta evidente el manejo del lenguaje, la capacidad para resolver las anécdotas de manera sorpresiva y convincente. Pulcramente escrito, con un estilo que recuerda por instantes la picardía renacentista y algunos anacronismos sintácticos que lo hacen divertido y extraño». Ahora bien -y desde un punto de vista personal- considero que otro elemento diferenciador tiene que ver con que le aposté a algo diferente: mi trabajo es poético y a través de historias de fantasía, propone problemas nuevos, mundos posibles y un poco usuales. Lo que ocurre es que hoy en día muchos escritores prefieren historias muy relacionadas con la vida cotidiana y muy próximas a la rampante realidad inmediata. De ahí temas tan trajinados como el del narcotráfico, la juventud devastada, las pandillas y las drogas. Para eso no se necesita imaginación”.

¿Qué significa para usted ser merecedor nuevamente de este reconocimiento?
H. J. B.: Siento una gran alegría por mi oficio, porque muchos poetas, escritores y artistas tienen un trabajo solitario, sin mayores reconocimientos y sin mucho interés por parte de la gente, y llega un momento en que los premios resaltan tu trabajo no solo moral, sino económicamente. También, me llena de orgullo que la literatura vallecaucana haga aportes importantes nivel nacional, puesto que en la región no solo hay deportistas que ganan medallas de oro, bronce y plata, o bailarines y cantantes que ganan concursos, sino que también hay una diversidad de personas en otros ámbitos que la gente normalmente no conoce o no le interesa”.

¿Cuántas veces ha sido premio nacional de literatura?
H. J. B.: Múltiples veces. Por ejemplo, en dos ocasiones he ganado el premio ‘Jorge Isaacs’ en el género de poesía. También he sido premio nacional en cuento para niños. Y he sido el primer vallecaucano en recibir el premio más importante de la literatura colombiana, el Premio Nacional de Literatura del Ministerio de Cultura”.

¿A qué edad empezó a escribir?
H. J. B.: “Por diferentes circunstancias de mi vida ingresé a la literatura a los 17 años, la cual es una edad relativamente tardía, ya que muchos escritores han comenzado a los siete u ocho años a relacionarse con la literatura, y quizá mucho antes, al menos como buenos lectores. Empecé el bachillerato en la época en que un joven sale de éste, y por las condiciones económicas tuve que hacerlo nocturno. Estudiar de noche me dio otra visión del mundo, esa fue mi escuela para mi oficio, allí me hice a las lecturas que me orientaron”.

¿Qué tan sensibles son las personas para acercarse a la literatura?
H. J. B.:“En todas las sociedades y épocas ha habido normalmente un grupo pequeño de personas que se ha interesado por el arte. Esta minoría se ha reproducido y mantenido con el transcurso de los años, y es con ella con la que uno cuenta como cómplices, posibles lectores y hasta como amigos”.

¿En qué proyectos está trabajando?
H. J. B.:Estoy trabajando desde hace varios años en unas novelas sobre los imaginarios de Cali, en ellas alabo y critico esta ciudad de afectos encontrados, que es  lo que hace un escritor con su ciudad, en una relación de amor y odio a la vez.

Por otra parte, la novela es un género en el cual no había incursionado antes por temor, falta de experiencia y un poco de pereza. La novela, a diferencia de la poesía y el cuento, es un universo en donde hay que tener presente muchas cosas al tiempo. La poesía es una pelea con un gigante y la novela con muchos enanos. Así, una novela es una medusa con cientos de cabezas con las que uno tiene que estar lidiando para poder tener un universo más o menos coherente. Teniendo en cuenta eso, es más difícil y más ardua, porque es un trabajo que requiere más ‘carpintería’ que inspiración.

De la ciencia a las letras  
“Cuando terminé el bachillerato (ya siendo un adulto), estaba la cuestión de que si quería ser escritor, tenía que estudiar una carrera con la cual pudiera tener un sustento económico, y a la vez, que me permitiera medianamente dedicarme a la escritura en el tiempo libre. Entonces, estudié física pura en la Universidad del Valle, y luego me pasé a estudiar ingeniería eléctrica y tecnología electrónica.

Después empecé a trabajar, y ya escribía claro, siendo estudiante de física gané mi primer premio y publiqué mi primer libro, pero como la escritura también requiere de algo de academia, ingresé a estudiar filosofía y letras e hice una maestría, que es la que me ha permitido estar mucho más próxima a la lengua que a las matemáticas.

No obstante, admiro por igual la ciencia y el arte, aunque para algunos sean polos opuestos, como el blanco y el negro, para mí funcionan como una moneda, con su cara y su sello y ambas tienen valor si están juntas. La vida es como una moneda, tiene sentido siempre y cuando se aprenda a jugar con las dos caras, porque ningún lado por sí solo tiene valor”.

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