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Vicerrectoría Académica

Ganadores del Tercer Concurso de Relato Autobiográfico Breve 2020 recibieron sus premios

En la foto: Ingrid Vanessa Murillo (primer puesto), Natalia Perea (segundo puesto) y Milton Patiño (tercer puesto).

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La organización del Tercer Concurso de Relato Autobiográfico Breve 2020, a cargo del Centro de Lectura y Escritura, Celee, y de la Vicerrectoría Académica, entregó los respectivos premios a los estudiantes, Ingrid Vanessa Murillo, Natalia Perea, y Milton Patiño, ganadores del certamen literario. 

Los premios de los ganadores: un computador portátil (primer puesto), una tableta digital (segundo y tercer puesto), fueron entregados en cada una de las residencias de los estudiantes, luego de haber sido anunciados recientemente en la ceremonia virtual de premiación. 

Te puede interesar leer: “Todos tenemos algo que contar”. Estos son los ganadores del Tercer Concurso de Relato Autobiográfico Breve 2020.

La organización también entregó tres menciones especiales reconocidas con bonos de una reconocida librería de la ciudad, a los estudiantes Gabriela David Rendón, Luz Maribel Cañas, y Juan Carlos Vergara, quienes fueron finalistas del concurso. 

Cabe mencionar que los ganadores del Tercer Concurso de Relato Autobiográfico Breve serán publicados por el Programa Editorial de la UAO, y el libro llevará el nombre del relato ganador que se denomina: “Entre telas y vestidos y otros relatos”, publicación que será lanzada en la Feria Internacional del Libro de Bogotá 2021 y en la Feria Internacional de Cali 2021.

El Tercer Concurso de Relato Autobiográfico Breve dejó grandes expectativas para el siguiente año

La estudiante Natalia Perea Restrepo, quien fue reconocida por el jurado del concurso como ganadora del segundo puesto, compartió su testimonio acerca de lo que fue este certamen que tuvo alcance regional y que, para el 2021 se proyecta con cobertura nacional. 

Ray Bradbury escribió una colección de ensayos bajo el título «Zen, en el arte de escribir» y en el prefacio reza «escribir es una forma de supervivencia…no escribir, para muchos de nosotros, es morir». No puedo estar más de acuerdo. Desde niña, he llenado cuadernos con ideas, pensamientos, emociones, imágenes, deseos, temores, preguntas, oraciones y maldiciones. Sin embargo, no había participado en un concurso hace mucho tiempo, tenía un miedo atroz al rechazo, a que eso pudiera significar que no tenía madera para escribir y entonces sólo podía morir (sí, así de reina del drama me pongo). 

Por eso cuando vi la publicidad en Facebook para el Tercer Concurso de Relato Autobiográfico que realiza la Universidad Autónoma de Occidente, solo pude pensar «este año ya es bastante irregular, ¿ que sería lo peor que podría pasar?»; por otro lado, las posibilidades de ser recompensada eran un buen incentivo, si no lo lograba todo seguía igual, pero si lo lograba… ni siquiera podía pensar en lo que podría pasar de lo emocionada que estaba.

Había un elemento significativo en la convocatoria: el tema sobre el que se nos pedía escribir, nada más y nada menos que nuestra vida, no solo cómo había sido sino cómo nos la contábamos a nosotros mismos, cómo la narrábamos internamente para darle y darnos sentido. Vi la oportunidad y no la quise dejar pasar, me senté frente a mi computadora y por casi cuatro horas un domingo en la mañana, compuse mi escrito. Escribir algo como lo que escribí es sangrar un poco, pero usando elementos estéticos y literarios que le permitan al lector ser cómplice y no solo espectador. Al finalizar, envíe el texto a un profesor amigo y a una compañera de la universidad que siempre revisa mis textos. El profesor me hizo algunos comentarios sobre contenido y mi amiga corrigió mis faltas ortográficas y mis largos párrafos. Tuve que seguir haciendo cambios; en el estilo había frases que no me gustaba como sonaban, otras que quería que no fueran el centro de la composición pero que tenían que ser dichas, porque eran el motivo por el que escribía. No solo quería ganar, quería sobre todo poder contar, y esa es la posibilidad que nos brindan espacios como estos, donde la academia se sienta amablemente a oír las voces, los relatos de los jóvenes que participan sus vivencias, percances, contextos, goces, amores y odios. 

Mi escrito tiene ese diseño que describe mis pasiones, las que me causan aversión y las que componen mis afectos más tiernos y mis experiencias de amor profundo. Como un cuadro de Miró, no sabe uno qué pincelada se traspone a cuál, qué matiz es el que da el orden y así es nuestra vida, si nos acercamos mucho a los hechos en detalle vemos en ocasiones solo manchas, pero si nos alejamos un poco desde la perspectiva que da el tiempo vemos con más sentido, disfrute y aceptación lo que ya está en el lienzo

Una vez enviado el escrito no quedaba más que esperar y esperar no es uno de mis fuertes, aunque encuentro dulces las esperas puesto que me ayudan a sobrellevar los momentos tediosos de la existencia con la promesa de un bien futuro.

Cuando llegó el correo con la noticia de la gala de premiación y sus implicaciones para mí como finalista, mi primera sensación fue de frenesí; quería saltar, reír, llorar, cantar, correr, estaba emocionada y ansiosa. En cuanto superé el primer momento, le conté a mi círculo más íntimo, tenía aún un pequeño temor atisbando desde los rincones de mi alma «¿y si no gano? ¿y si tengo que bancar la vergüenza de mis conocidos reconfortándome con palmaditas en la espalda, diciéndome que sí tengo talento pero que esto… o lo otro…?».

Como no hay plazo que no se cumpla, el día de la premiación llegó. Mis amigos estaban ahí, mi familia estaba ahí, yo estaba ahí, oyendo a los jueces y organizadores, dándole rostro a sus nombres que a su vez le daban rostro a mi voz. Ese momento fue importante porque fue cuando supe que otros me habían leído, mis amigos lo habían hecho, mi familia, algunos conocidos, ya no había secreto, ya no había voz oculta, el noveno círculo de Dante estaba ya habitado por todos mis fantasmas y yo podía seguir al purgatorio o al cielo quizás.

Quedé en segundo puesto y tuve que apagar la cámara un ratito para gritar de emoción; recordaba una charla que había tenido con un amigo, cuando le conté que el relato sería publicado. Me dijo: «¡Nat! serás una autora publicada!!!». Esa frase resonaba en mi cabeza y no había espacio para nada más, estaba dichosa. La espera por el premio, impaciente como ya saben que soy, fue otro proceso. Cuando al fin llegó, estaba contenta como los niños el día de navidad, ahora tenía un nuevo dispositivo para leer y escribir, no habían pasado ni 30 minutos cuando toda mi biblioteca de Play Books había migrado a mi tablet nueva. Así soy siempre. Qué le vamos a hacer. Hasta ahora, el día de la premiación ha sido sin duda el mejor día de este año, cayeron tantos temores y se oyeron tantas sonrisas, fui inmensamente feliz.

Me gustan las muñecas rusas, las matrioskas me parecen hermosas y considero que representan las muchas facetas que todos tenemos. En el centro de mi ser hay gratitud, por la convocatoria y la posibilidad de contar, por las personas que me leyeron, me midieron y me abrieron un espacio dentro de ellos, por los que participaron y contaron su historia en este terruño que tantos goces y sufrimientos nos proporciona, por mis amigos que siempre me ven con ojos de amor y posibilidad, por los espacios para que el arte nos salve de la vida, por la universidad y su espíritu, por la existencia deliciosamente humana que podemos poner en palabras, gracias, gracias y más gracias.

Informes: 

Nuestro equipo Docente Facultad de Humanidades y Artes Departamento de Lenguaje
Claudia Alexandra Roldán Morales
Claudia Alexandra Roldán Morales Jefe del departamento de Lenguaje
Ext. 11494
Nuestro equipo Docente Vicerrectoría Académica
Sonia Cadena Castillo
Sonia Cadena Castillo Directora del Centro de Desarrollo Académico
3188000 Ext. 11580 – 11611

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