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Humanidad sostenible

Por Jesús Alfonso Flórez López

La especie humana no cesa en su empeño por responder a las preguntas fundamentales sobre su razón de ser, su proyección en la historia y las posibilidades de prolongación más allá de la condición objetiva de la materia, a lo que le ha dado el nombre de ‘trascendencia’, con lo cual, al ser consciente de su finitud, pretende que su vida pueda ser sostenible incluso en espacios geográficos cifrados en su desbordante imaginación en el tratamiento de la búsqueda de sentido.

Esta incesante búsqueda de continuidad del existir se conecta con las preocupaciones contemporáneas, sobre los límites que se están evidenciando de la oferta ambiental del planeta, respecto a la demanda energética para mantener el modelo de productividad y de alto consumo, en condiciones de inequidad e injusticia social.

De esta manera, la pregunta por si es posible o no la sostenibilidad de la vida en el planeta tierra en estas condiciones, lleva directamente a la reflexión sobre los modelos de vida que ha desarrollado la especie que al mismo tiempo piensa sobre tales límites.

Cada vez es más clara la realidad de la interdependencia de nuestra especie para existir, no podemos vivir solos, necesitamos los unos de los otros y otras desde el mismo momento del nacimiento hasta el culmen de nuestra trayectoria histórica. Pero esta interrelación requiere de unas condiciones elementales para que la vida pueda continuar y ser ámbito de crecimiento y no de anulación de sueños e ilusiones.

La sostenibilidad, por lo tanto, nos hace pensar que hoy ‒en Colombia por ejemplo‒ la vida será posible si hay un encuentro entre la vida urbanita y la vida rural, pues la fractura de estos dos espacios ha hecho que el segundo permanezca en una prolongada marginación y exclusión social, que la vuelve inviable desde el punto de vista de condiciones básicas de existir como seres humanos.

Las urbes dependen aún de los alimentos básicos que ese otro mundo produce, pero al mismo tiempo, predomina en sus congéneres la interpretación del pago como el ámbito de lo inhóspito y de lo peligroso; por lo tanto, volver hacia el ámbito de lo rural implica reconocer su déficit profundo en educación, seguridad social de sus labradores, vías de comunicación, salubridad, para que pueda haber otra valoración que permite la emergencia de un campo digno, en donde la economía campesina se niega a dejar de existir.

La reconciliación de estos dos espacios, es quizá el signo mayor que se podrá dar en un mediano plazo como resultado del actual proceso de paz que se desató en Colombia, donde las víctimas recuperen su condición de ciudadanía mediante acciones reparadoras, garantías de no repetición basadas en la verdad y la justicia.

La sostenibilidad será posible si se afianza el reconocimiento del saber de los otros, pues la humanidad es múltiple y no se agota en una única perspectiva o hermenéutica de sí mismo y de su exterioridad, por ello, se requiere del encuentro de los pensamientos, los conocimientos, los saberes, y todo lo que en definitiva contribuye a las diversas explicaciones de los fenómenos objetivables y de la interioridad del ser humano, pues dependemos de cada una de esas miradas y aproximaciones para prolongar las posibilidades de la existencia; la racionalidad utilitarista frente a la naturaleza deber ser contrastada con los otros conocimientos y comprensiones de experimentar a la naturaleza como una madre que acoge, da vida y requiere cariño y el mejor de los tratamientos.

Esa interdependencia connatural a la condición humana conlleva una transformación de la relación fundamental entre hombres y mujeres, pues no es posible construir o planear una sociedad sostenible si predomina en su interior la inequidad de género, la discriminación hacia la mujer al punto de llegar al feminicidio. No es posible mantener el patriarcalismo y pretender realizar un proyecto de regiones sostenibles.

Estos componentes del reconocimiento de la diversidad, la aceptación de la misma para crecer en un pensamiento y relaciones plurales, la reconciliación o reencuentro de lo urbano con lo rural, la equidad de género, la construcción del conocimiento en perspectiva dialéctica como escenarios concretos de construcción de convivencia y paz son los aportes que hace la Facultad de Humanidades al Doctorado en Regiones Sostenibles.

 

 

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