

En el contexto actual, el bienestar integral es un proceso clave que abarca las dimensiones: mental, emocional, física, financiera y socio-espiritual. Ante los desafíos contemporáneos, el enfoque evoluciona hacia el neurobienestar, una disciplina que fortalece hábitos saludables para preservar la función cognitiva y reducir el estrés. Al comprender cómo el sistema nervioso regula nuestras emociones, es posible optimizar el equilibrio emocional y potenciar el desempeño, tanto a nivel individual como colectivo.
Como disciplina, el neurobienestar fortalece los artefactos no visibles de la cultura —tales como valores, percepciones, mitos y estilos de liderazgo— que resultan determinantes para el comportamiento y la productividad. Para lograrlo, es fundamental que los líderes integren prácticas basadas en la seguridad psicológica, el reconocimiento, la autonomía y la coherencia. Estas acciones consolidan un entorno de sana convivencia que impulsa el desempeño esperado, tal como se detalla en las siguientes frases:
| Prácticas que contraen el neurobienestar: | Prácticas que expanden el neurobienestar: | Efecto |
| Llevar la contraria al jefe trae consecuencias. | Compartir la opinión con respeto y propositivamente. | Expansión de la creatividad, donde la corteza prefrontal está desbloqueada. |
| Buscar al culpable para el llamado de atención. | Generar aprendizajes a partir del “error”. | Liberación de oxitocina, lo que facilita la toma de decisiones y la colaboración. |
| Focalizar sólo el resultado final. | Revisar las victorias tempranas. | Gestión del estrés e impulso del equilibrio, activando dopamina con la valoración y reconocimiento. |
| Centralizar el control. | Delegar en un marco claro de gestión. | Focalización de las actividades para definir prioridades. |
| Valorar que los “buenos” colaboradores son los que exceden su horario de trabajo. | Respetar el horario de trabajo de los colaboradores, dado que cada quien tiene una vida social, familiar, académica, entre otras. | Alineación de las normas y políticas para la “recuperación neuroquímica” de los colaboradores. |
Según M. A. González, “Además de la interacción interpersonal, resalta la importancia de los hábitos de vida. Según indica, la actividad física también produce endorfinas y serotonina, lo que mejora la función de la corteza prefrontal, la toma de decisiones y la capacidad de encontrar soluciones incluso ante desafíos laborales intensos. Preguntas como si el líder conoce los nombres de sus empleados o si se atreve a indagar sobre su vida personal, son ejemplos de cómo la atención a estos pequeños detalles cotidianos genera un impacto profundo en el bienestar organizacional. Un abrazo, un saludo diferente o una sonrisa inician una dinámica cerebral positiva.”
En línea con lo anterior, la Escuela de Liderazgo Empresarial UAO (ELE UAO) fortalece a sus participantes mediante experiencias de aprendizaje y herramientas que fomentan una mayor consciencia. A través de una mirada sistémica y sistemática, se promueven prácticas que nutren la consecución de resultados, priorizando al ser humano como agente de cambio. Este enfoque se desarrolla en cuatro ejes: habilidades personales (saber ser), equipo de trabajo (saber convivir), organizacionales (saber realizar) y sociales (saber estar).
Te invitamos a formar parte de la ELE UAO;
Lidera, inspira y conecta con tu entorno.
Referencias:
Castellanos, N. (2024). Neurocuida tus sentidos. La Esfera de los Libros.
Rojas Estapé, M. (2023). Cómo hacer que te pasen cosas buenas. Editorial Planeta.
Davidson, R. J., y Begley, S. (2019). El perfil emocional de tu cerebro. Editorial Planeta.
Universidad del Valle de Guatemala. (2019, 21 de agosto). Neurobienestar y liderazgo: la conexión entre cerebro y corazón. Noticias UVG. https://noticias.uvg.edu.gt/neurobienestar-liderazgo-cerebro-corazon-congreso-talento-humano/
Por: María del Pilar Rodríguez Sánchez